Por Leonaldo Reyes
Madrid, España.-La estabilidad del Partido Revolucionario Moderno (PRM) en el viejo continente enfrenta su mayor crisis desde la llegada al poder. Importantes cuadros de la dirigencia en Europa han comenzado a coordinar una salida masiva hacia las filas de la Fuerza del Pueblo, motivados por un sentimiento generalizado de exclusión y abandono tras años de lealtad política.
El descontento no es un rumor de pasillo, sino un clamor abierto en ciudades como Madrid, Barcelona y Milán. Los dirigentes denuncian que, a pesar de haber trabajado arduamente para lograr el triunfo electoral, han sido marginados de la toma de decisiones y de las oportunidades institucionales que por derecho les corresponden como artífices de la victoria en el exterior.
La principal queja radica en el «maltrato» sistemático hacia la base. Según fuentes consultadas, los altos mandos del partido en la región han cerrado los canales de comunicación, dejando a los militantes que sostuvieron la campaña en un limbo administrativo y político, sin respuestas a sus necesidades básicas ni reconocimiento a su labor.
El relato de los disidentes es crudo: aseguran que un selecto grupo de políticos se ha enfocado exclusivamente en el enriquecimiento personal. «Han venido a servirse, no a servir», comentan bajo anonimato algunos coordinadores, señalando que los beneficios del poder solo fluyen hacia los familiares y allegados de la cúpula, ignorando a quienes recorrieron las calles buscando el voto.
La falta de gestión de empleos y servicios para los dominicanos en el exterior ha sido el detonante final. Mientras la base sufre para resolver trámites consulares o buscar sustento, ven con impotencia cómo los cargos de relevancia son asignados por amiguismo, dejando fuera a perfiles capacitados que llevan décadas militando en el proyecto del cambio.
Ante este panorama, la figura de Leonel Fernández y la Fuerza del Pueblo ha comenzado a ganar terreno como el refugio natural de los inconformes. Los contactos entre ambas fuerzas políticas en Europa se han intensificado en las últimas semanas, con reuniones discretas donde se negocian las condiciones de un traspaso que promete sacudir la estructura oficialista.
La percepción de que «el PRM se olvidó de los suyos» ha calado hondo. La militancia siente que el ideal de justicia social y participación democrática que prometió el partido se ha transformado en un sistema de castas donde el mérito político ha sido sustituido por el beneficio económico de unos pocos privilegiados.
Este movimiento migratorio de dirigentes representa un peligro estratégico para el oficialismo de cara a futuros procesos electorales. Europa, tradicionalmente un bastión importante de votos para el PRM, podría teñirse de verde si la cúpula en Santo Domingo no interviene de manera inmediata para frenar la hemorragia de líderes locales.
Los dirigentes que preparan sus maletas aseguran que no es una decisión fácil, pero sí necesaria por dignidad. Afirman que no pueden seguir defendiendo un proyecto que da la espalda a su gente mientras observa en silencio cómo una minoría acumula fortunas a costa del esfuerzo colectivo de la diáspora.
El reportaje de esta crisis apenas comienza, pero el mensaje es claro: el malestar en Europa es una bomba de tiempo. Si el PRM no rectifica su trato hacia la base y pone fin a la cultura del nepotismo, verá cómo su estructura en el exterior se desmorona en favor de una oposición que ya los espera con los brazos abiertos.
