Por Leonaldo Reyes
Esta falta de rigor no es solo una anécdota, sino un síntoma de una política basada en el personalismo por encima del ordenamiento jurídico. Muchos de estos candidatos priorizan el activismo de redes sociales y el roce social sobre el estudio concienzudo de los estatutos que rigen su vida política.
El desconocimiento de las normas internas debilita la institucionalidad. Quien no sabe bajo qué reglas compite, difícilmente podrá legislar o gestionar con justicia; la ignorancia estatutaria es el primer paso hacia la improvisación administrativa y el caos orgánico en las seccionales del exterior.

Resulta contradictorio que se exija democracia interna mientras se ignoran los deberes y derechos consagrados en el papel. Estos políticos parecen olvidar que los estatutos son el contrato social entre el afiliado y la dirección, y violarlos por desconocimiento no les exime de su responsabilidad.
En los encuentros madrileños, el discurso suele centrarse en promesas vacías, dejando de lado la estructura programática. Se percibe una desconexión entre la ambición de poder y la capacidad técnica, donde el «querer ser» aplasta al «saber ser» un dirigente preparado.
La militancia observa con escepticismo cómo se postulan nombres que no podrían explicar un solo artículo sobre el régimen disciplinario. Esta carencia formativa proyecta una imagen de debilidad intelectual que resta credibilidad a las propuestas de cambio que el partido intenta proyectar desde la capital española.
Es imperativo que el PRM implemente filtros de formación política obligatorios. No basta con tener seguidores; se requiere de líderes que comprendan que la política es una ciencia reglamentada, no un simple concurso de popularidad o de influencias locales en Madrid.
La renovación partidaria debe ser de fondo, no solo de rostros. El entusiasmo de los aspirantes es valioso, pero sin el respaldo del conocimiento normativo, ese ímpetu se convierte en un riesgo para la estabilidad y la coherencia del discurso oficialista en el extranjero.
El fenómeno de los «aspirantes analfabetos en estatutos» genera una burocracia partidaria ineficiente. Al llegar a posiciones de mando sin base legal, estos actores tienden a cometer errores procedimentales que terminan en conflictos internos y divisiones innecesarias que desgastan la marca del partido.
La Seccional de Madrid debe exigir una tregua a la improvisación. Ser político en la diáspora conlleva la carga de representar la imagen del país; por ello, es urgente que quienes aspiran se sienten a estudiar sus reglamentos antes de solicitar el voto de confianza de la comunidad.

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