Por Leonaldo Reyes.
Los políticos de la base del PRM se reunieron para un sancocho, una tradición arraigada en la política dominicana. Las risas y los chistes llenaban el aire, mientras el aroma del sancocho prometía una tarde de camaradería y satisfacción.
El cocinado avanzaba sin contratiempos, con cada uno de los presentes aportando su grano de arena. Uno picaba los víveres, otro se encargaba de la leña y un tercero supervisaba la olla, el verdadero corazón del encuentro. La expectativa crecía con cada minuto, y el olor del sancocho se intensificaba, invitando a todos a acercarse.

Cuando el sancocho estuvo listo, la olla humeante se convirtió en el centro de atención. Sin embargo, en lugar de servir la comida, uno de los líderes de la base, conocido por su voraz apetito, se adelantó a todos. Con una sonrisa, tomó un plato y se sirvió una porción tan generosa que casi vació la olla. Los demás, al ver la escena, se miraron entre sí, incrédulos.
El líder continuó comiendo, ajeno a las miradas de desaprobación de sus compañeros. Los demás, impotentes, solo pudieron ver cómo la olla se vaciaba lentamente, dejándolos con el antojo y la frustración. El olor a sancocho, que antes había sido una promesa de abundancia, ahora se sentía como una burla.

La situación se convirtió en un reflejo de la política de la base. Los de la base, que trabajan y se esfuerzan, son los que a menudo se quedan con el olor, mientras otros se comen el banquete. La metáfora del sancocho se hizo dolorosamente real, con el líder representando a aquellos que se benefician del trabajo de los demás.
El evento se convirtió en una lección para todos los presentes. La política no solo se trata de promesas y discursos, sino también de acciones. Y en este caso, la acción de uno de los miembros de la base dejó a los demás sin nada. El sancocho, que debía ser un símbolo de unidad y camaradería, se convirtió en un recordatorio de las desigualdades que existen en la política.
Al final, los de la base se retiraron, dejando atrás el olor a sancocho y la sensación de haber sido burlados. El evento se convirtió en una anécdota, una historia que se contarían una y otra vez para recordar que, en la política, a veces solo se queda con el olor.
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