El alto costo del mambo: Cuando salir a una cita cuesta más la sal que  él chivo en  RD

Leonaldo Reyes
Leonaldo Reyes agosto 24, 2026
Updated 2026/08/24 at 4:40 AM
3 Min Read
El alto costo del mambo: Cuando salir a una cita cuesta más la sal que  él chivo en  RD
El alto costo del mambo: Cuando salir a una cita cuesta más la sal que  él chivo en  RD
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Por Leonaldo Reyes

​Santo Domingo.RD.-El arte del cortejo en la República Dominicana ha evolucionado hacia una dinámica económica singular donde la logística financiera pesa tanto como el encanto personal. Salir con una mujer dominicana en el contexto urbano actual implica desplegar un presupuesto que va mucho más allá de una simple cena para dos.

​El contador empieza a rodar mucho antes del encuentro formal. Para que la cita se concrete, el hombre suele asumir los costos de la logística previa, asegurando que el entorno familiar y personal de ella quede completamente cubierto antes de que cruce la puerta de su casa.

​El primer rubro indispensable es la preparación estética personal. El ritual del «salón y las uñas» no es un lujo opcional en la cultura local, sino un estándar socializado cuyo costo corre frecuentemente por cuenta del pretendiente antes de salir.

​A este gasto estético se le suma el vestuario para la ocasión. Estrenar una pinta para una salida especial forma parte de la etiqueta, sumando un monto considerable al presupuesto inicial antes de haber servido el primer trago.

​La gestión del hogar es el siguiente obstáculo financiero. Si la mujer tiene hijos o responsabilidades familiares, es habitual dejar resuelta la cena de la casa, donde el tradicional «picapollo» familiar se convierte en la solución rápida y obligatoria.

​El transporte inicial representa otro renglón crítico. Pagar el taxi o Uber de ida garantiza no solo la comodidad y seguridad de la invitada, sino que marca el tono del nivel de atenciones que mantendrá la salida.

​Una vez en la cita, el consumo directo en el restaurante o bar añade la cifra principal. Entre bebidas, platos fuertes y el consumo personal, la cuenta supera con facilidad el umbral de los gastos logísticos previos.

​Al finalizar la velada, la atención no concluye con la despedida. Es costumbre asegurar que ella regrese a casa con su propio «picapollo» o cena para llevar y pagar el transporte de retorno, sumando un ciclo que sobrepasa holgadamente los 10,000 pesos.

​Lo más trágico del panorama es que, tras semejante despliegue de capital, el beneficio no está garantizado. Cuando viene a ver, después de haber liquidado la cuenta completa, no le toca ni un triste beso y dejan al pretendiente «oliendo donde donde guisan «.

​El refrán popular «sale más caro  la sal que el chivo» cobra todo su sentido. La inversión requerida transforma una cita casual en un alto riesgo financiero, donde el romance exige un bolsillo dispuesto a pagar caro el simple derecho a soñar.


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