Por Leonaldo Reyes
Santo Domingo,RD.-En la política, como en la guerra de guerrillas, el silencio suele ser el preludio de la tormenta. Hoy, en los callejones, municipios y zonas rurales de la República Dominicana, se respira una tensa calma. Las bases del Partido Revolucionario Moderno (PRM) no están protestando en las calles ni quemando gomas; están haciendo algo mucho más peligroso para la alta dirigencia: están observando.
Al igual que un francotirador militar —un estratega de élite capaz de mimetizarse con el entorno y mantener la mirada fija en el objetivo durante meses, calculando el viento, la distancia y el momento exacto para apretar el gatillo— la militancia perremeísta mantiene los ojos clavados en aquellos funcionarios que, una vez instalados en las mieles del poder, decidieron cambiar de número de teléfono y levantar muros de cristal.
El Diagnóstico del Abandono
Para la base del PRM, el diagnóstico es claro: amnesia de poder. Los mismos dirigentes que en la campaña pasada caminaban descalzos por el lodo, abrazaban a la anciana del barrio y prometían «el cambio» para todos, hoy transitan en yipetas con vidrios oscuros, blindados por un ejército de secretarias y espalderas que actúan como barreras infranqueables.
«Nos trataron como el motor que encendió la maquinaria, pero una vez que el carro arrancó, nos dejaron en la cuneta», afirma un dirigente medio de la provincia de Santiago, bajo estricto anonimato.
Esta desconexión ha generado un profundo resentimiento. La base siente que el sacrificio colectivo se tradujo en el beneficio individual de una élite que olvidó los comités de base y las promesas de empleo, dignidad y participación.
La Estrategia de la Paciencia
El error de muchos funcionarios ha sido confundir la paciencia de la base con sumisión. No han entendido la psicología del «francotirador». Un soldado de élite no actúa por impulso; no revela su posición antes de tiempo. Espera.
La militancia del PRM está en esa fase de inteligencia y observación:
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Registran el desdén: Anotan cada llamada no devuelta y cada puerta cerrada.
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Miden los tiempos: Saben que el calendario electoral es implacable y que el poder es transitorio.
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Esperan el momento: Su «mira telescópica» está apuntando directamente a los procesos internos, las encuestas de valoración y, eventualmente, las urnas.
El Costo del «Disparo» Político
El peligro para los dirigentes señalados es que el «disparo» de las bases no es físico, sino político, y suele ser letal para cualquier aspiración de continuidad. Cuando llegue el momento de buscar la ratificación, de salir a pedir el voto para la reelección o de intentar saltar a otra posición electiva, el francotirador apretará el gatillo.
El castigo se manifestará en forma de:
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Brazos caídos: Militantes que se negarán a buscar el voto casa por casa.
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Voto de castigo: El apoyo silencioso a opciones alternativas en las primarias internas.
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Paso de factura: El cobro frío de promesas incumplidas cuando los dirigentes vuelvan a necesitar el calor del barrio.
Reflexión Final
La alta dirigencia del PRM harían bien en recordar que el poder político en una democracia se delega, no se hereda. Nadie puede esconderse indefinidamente de quienes lo llevaron a la cima. Mientras los funcionarios celebran sus logros en oficinas con aire acondicionado, en la sombra, agazapada y con una paciencia infinita, la base sigue mirando por la mirilla. Y el tiempo de la observación, tarde o temprano, llegará a su fin.
