Martinez y su esposo llegaron a Nashville con la expectativa de presenciar el cumplimiento de la sentencia contra Pike, quien recibió dos dosis de pentobarbital. Tras el cierre de las cortinas, los testigos escucharon a la condenada respirar y roncar con fuerza. Cerca de una hora después, las autoridades escoltaron a los presentes fuera de la sala sin ofrecerles una explicación inmediata sobre lo ocurrido.
Para la madre de Slemmer, el episodio reabrió una herida que lleva más de tres décadas. Durante el viaje de regreso a Florida, relató que preguntó a los funcionarios qué ocurriría con Pike y recibió como respuesta que todavía no sabían qué hacer con ella. “No, señor. Nadie se disculpó”, dijo Martinez al ser consultada sobre si alguien le había ofrecido disculpas. “Creo que el estado me debe una gran disculpa”, agregó.
Sin explicación oficial sobre el fallo
Las autoridades de Tennessee todavía no han explicado por qué la ejecución no produjo el resultado esperado. El Departamento Correccional del estado defendió el uso de la inyección letal y afirmó que el protocolo no permite realizar procedimientos adicionales más allá de los que fueron ejecutados.
De acuerdo con los testigos, Pike continuó respirando aproximadamente una hora después de recibir la primera dosis. Posteriormente, fue trasladada a un hospital de Nashville, donde permanece inconsciente y conectada a un respirador. Sus abogados, Stephen Ferrell y Luke Ihnen, informaron que presenta lesiones graves en ambos brazos relacionadas con la administración del medicamento.
El abogado Ferrell señaló que todavía se desconoce el pronóstico de Pike y que podrían pasar varios días antes de determinar el alcance de las consecuencias médicas. Los médicos también intentaban retirar del organismo las dosis del fármaco utilizadas durante el procedimiento.
El crimen que llevó a Pike al corredor de la muerte
Pike tenía 18 años cuando participó, junto a su entonces novio Tadaryl Shipp y Shadolla Peterson, en el asesinato de Colleen Slemmer, de 19 años. Los tres trabajaban con la víctima en el programa federal Job Corps.
Según los registros judiciales citados en el texto, Slemmer fue golpeada, torturada y asesinada en una zona apartada del campus agrícola de la Universidad de Tennessee, en Knoxville. Peterson colaboró con la fiscalía y recibió libertad condicional, mientras Pike y Shipp fueron procesados por asesinato en primer grado.
En 1996, Pike fue condenada a muerte y pasó más de 30 años en el corredor de la muerte, buena parte de ese tiempo bajo régimen de aislamiento. Shipp, por su parte, recibió prisión perpetua con posibilidad de libertad condicional.
Defensa pide que se conmute la pena
Tras la fallida ejecución, los abogados de Pike solicitaron al gobernador de Tennessee, Bill Lee, que conmute la pena capital por prisión perpetua. La defensa sostiene que las condiciones médicas de la condenada, entre ellas trombocitosis y venas de pequeño calibre, habían sido advertidas previamente como factores que podían aumentar el riesgo de complicaciones durante la inyección letal.
Lee calificó el resultado del procedimiento como inesperado e inaceptable y sostuvo que era necesario determinar por qué la ejecución no se desarrolló como estaba previsto. El gobernador ordenó una revisión externa del procedimiento y suspendió las ejecuciones programadas para el resto del año.
Además, el responsable del sistema penitenciario estatal presentó su renuncia días después del fallido procedimiento. Mientras avanza la revisión, el futuro de Pike permanece incierto, al igual que la posibilidad de que Tennessee intente ejecutar nuevamente la sentencia si la condenada se recupera.
Para Martinez, el desenlace estuvo lejos de lo que esperaba después de más de tres décadas de espera. “Todo lo que quería era justicia”, expresó la madre de Slemmer.
